Tengo problemas de memoria

La cognición es una función mental compleja gracias a la cual somos conscientes de las situaciones que nos rodean, así como de nuestras necesidades y metas, por lo que nos permite interpretar información, actuar y resolver problemas.

Envejecer conlleva un deterioro cognitivo, de modo que algunas funciones mentales pueden perder rigor. Esto, sin embargo, no es una enfermedad sino un cambio fisiológico.

Los cambios en la velocidad de procesamiento de la información nueva hacen que puedas sentir que algunas cosas las haces más lentamente, por ejemplo, a la hora de realizar actividades que requieren una planeación compleja.

 

La atención también cambia, así que puedes sentir una mayor dificultad para prestar atención a estímulos simultáneos o de concentrarte cuando hay muchas situaciones ocurriendo alrededor o al mismo tiempo. Todo esto hace parte normal del proceso de envejecimiento.

 

La mente es tan fascinante que mientras algunas capacidades disminuyen con la edad otras permanecen intactas. Por ejemplo, ver todos los elementos que hay en un espacio y darles un sentido en conjunto es una habilidad que se deteriora con el envejecimiento, mientras la percepción de objetos y el reconocimiento de rostros es algo que la vejez no nos puede quitar, salvo que suframos una enfermedad particular.

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El deterioro cognitivo

 

En general, los procesos que deterioran de forma significativa las funciones previamente mencionadas se conocen como deterioro cognitivo y se caracterizan por un impacto negativo en la vida diaria.

Aunque los cambios cognitivos son un resultado natural del envejecimiento, la línea que divide lo normal de lo anormal puede ser muy tenue, por lo que se requiere precisar los síntomas con una evaluación clínica completa.

Para ilustrar la diferencia entre un síntoma normal del envejecimiento y una condición que puede ser de cuidado: no es lo mismo olvidar comprar la leche al ir al supermercado que olvidar que el día de ayer se fue al supermercado.

 

En el lenguaje común una afectación cognitiva puede ser interpretada como pérdida de la memoria, pero muchas veces se trata de otra cosa. Por ejemplo, cuando se olvidan las palabras puede haber un problema del lenguaje y no de la memoria, el cual se denomina afasia.

Los problemas cognitivos pueden ser menores o mayores, en cuyo caso se puede tratar de demencias. Se clasifican de acuerdo con su nivel de severidad y con la causa que los produce.

Cuando se trata de un deterioro cognitivo leve este no interfiere de manera significativa en las actividades de la vida diaria. Entretanto, la demencia es un cambio negativo y crónico de las funciones cognoscitivas que puede progresar lentamente a través de los años. Este trastorno no es causado por una enfermedad psiquiátrica sino por una condición orgánica, es decir, cambios en la estructura cerebral como la atrofia neuronal o los infartos.

Tengo Alzheimer

 

La enfermedad de Alzheimer (EA) es un trastorno neurodegenerativo crónico que afecta la memoria de corto plazo del paciente al tiempo que ocasiona problemas en su conducta, tales como la agresividad, la depresión, la agitación y los trastornos del sueño, así como la tendencia a deambular o delirar.

 

La teoría más fuerte alrededor del Alzheimer asegura que se produce por la acumulación de desechos neuronales en áreas del cerebro donde se almacena la memoria: las neuronas que la guardan pierden la capacidad de limpiarse adecuadamente, generando su propio daño y muerte.

El Alzheimer es la demencia de mayor relevancia para la salud pública, razón por la cual los procesos preventivos y la detección temprana de la enfermedad son tan importantes.

La medicina funcional contempla la enfermedad como una disfunción múltiple de origen diverso, que afecta el funcionamiento normal de las neuronas. Esta teoría establece cinco tipos de alzhéimer.

 

Por ejemplo, el Alzheimer inflamatorio es producido por enfermedades cardiovasculares o reumatológicas; el glucotóxico está relacionado con los daños producidos por la diabetes; el atrófico es concerniente a deficiencias hormonales; y el tóxico se genera por hongos, bacterias, virus o metales pesados como el cobalto, plomo o el mercurio.

 

También están el vascular y el traumático: el primero está asociado a cambios vasculares y el segundo a microtraumas repetitivos, como lo que sufren los jugadores de fútbol americano o los boxeadores.

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Reparar la arquitectura neuronal

 

El panorama farmacológico de la enfermedad no ha cambiado en las últimas dos décadas, razón por la cual algunas investigaciones han entrado a formular nuevos enfoques y tratamientos.

 

El doctor Dale Bredesen, por ejemplo, postula que la enfermedad de Alzheimer puede entenderse como un síntoma y no como una enfermedad per se. Al igual que la fiebre, se concibe como una manifestación de algo que le está sucediendo a una persona. Suministrar medicamentos para bajar la fiebre no enfrenta la causa, sino solo el síntoma, por lo tanto, la enfermedad no va a mejorar.

 

Este ha sido un tema muy debatido en las sociedades científicas porque integra conceptos de la medicina funcional, lo cual es, en síntesis, encontrar cuál es la base de la disfunción neuronal y, a través de diferentes estrategias terapéuticas, detener la producción excesiva de residuos, o mejorar los mecanismos de limpieza neuronal para así reparar la arquitectura del cerebro.